Gabialv91 diciembre 4, 2018
Luka Modric, jugador Real Madrid.

Por Gabriel Álvarez

Luka Modric es un jugador humano, de esos que ves en el campo y piensas que podría ser de tu grupo de amigos, un jugador que te crees, un jugador de los de antes. Pero el ahora diez del Madrid ha luchado mucho más que la mayoría de los seres humanos.

Cuando estalló la Guerra de los Balcanes, el padre del joven Luka formaba parte del cuerpo militar y su madre decidió trasladar al pequeño Modric a la ciudad de Zadar, donde alejado de los bombardeos, el croata se acercó al balón.

Su familia, aquejada de una pobreza extrema, siempre hizo todo lo posible para que Modric pudiera disfrutar del fútbol, tanto fue así que hasta viajaron a Italia para participar en un torneo infantil. Todavía no lo sabían, pero a la vuelta de ese viaje su vida cambiaría por completo.

Tomislav Basic, jefe de cantera del Zadar, optó darle la alternativa al joven niño croata para alegría de toda su familia. El trabajador del Zadar, ante la situación económica de la familia de Modric, decidió hacerle unas espinilleras de madera que pasaron a ser una continuación del cuerpo de Luka.

Años después Luka Modric, ya convertido en un hombre, llegaría al Dinamo de Zagreb, pasaría por el Tottenham y acabaría en el Real Madrid, donde ha conseguido todos los títulos posibles.

Ese niño de la guerra guió a su selección a un resultado histórico en el pasado Mundial de Rusia, tomando el testigo de aquella Croacia en en 1998 conseguiría el tercer puesto.

La vida de Luka Modric es un ejemplo de que se puede triunfar a pesar de todas las adversidades posibles, de que el trabajo tiene su recompensa y de que la madera se puede convertir en oro.

 

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